Publicidad:
Terra
La Coctelera

Relato número 1: El otro lado.

En una noche de verano, Mario se encontraba chateando y ojeando diferentespáginas en Internet. Descargándose el último disco de su grupo favorito de este sitio, plasmando su opinión sobre el desastroso partido de fútbol que había hecho su equipo en aquel otro, total, lo típico que solía hacer en la red.

Al filo de las dos de la madrugada, Mario se despidió de sus amigos y decidió apagar el ordenador. Éste, y debido a uno de los múltiples fallos de su sistema operativo, se reinició. Mientras empezaba de nuevo a arrancar la computadora, una ventana de diálogo, muy parecida a las que le servían a Mario para comunicarse a través del chat, hizo presencia en la pantalla.

- Hola. – apareció súbitamente en el monitor.

Las letras amarillas sobre fondo negro, le extrañaron. Nunca había visto nada semejante.

- ¿No vas a responder?

Muy sorprendido, Mario esbozó una nerviosa sonrisa, pensando que tal vez alguno de sus cientos de amigos virtuales y aficionados al mundo de la piratería le estaban gastando una broma.

- No te rías.

La cara de Mario palideció por momentos. Miro a su alrededor. Nada. Sólo la lámpara de la habitación alumbrando la parte correspondiente al pc. En seguida se dio cuenta de que su pequeña y redonda web cam le estaba apuntando. Casi movido por un acto reflejo la apartó y la desconectó.

- Es inútil. – volvió a aparecer de nuevo en la pantalla.

Algo más asustado, Mario intentó terminar con todo aquello apagando el ordenador y desconectándolo de la red. Todo fue inútil. En la pantalla apareció el siguiente mensaje.

- No merece la pena que intentes resistirte.

Al borde de la histeria, Mario, se levantó de un salto de la silla y sin apagar la luz de la lamparita corrió hacia la puerta. No pudo abrirla. Parecía que la puerta estaba atrancada por fuera.

De repente, y con un cambio súbito de actitud, Mario volvió a situarse delante del teclado de su ordenador.

- ¿Quién eres y qué demonios quieres? – preguntó sudoroso.

- Ya lo sabrás y ya comprenderás nuestra misión.

- ¿Misión? ¿Qué misión?

-Digamos, que nuestra misión es reconducir el experimento que empezamos hace aproximadamente diez mil millones de años.

La cara de Mario era todo un poema. No sólo estaba conversando con alguien a través de un ordenador al cual no le llegaba corriente eléctrica, sino que además aquello le estaba hablaba de un experimento que había empezado en el inicio de los tiempos.

- Es la hora.

Ese fue el último mensaje que se pudo leer por pantalla. A continuación, el monitor dejo de funcionar. Un escalofrío recorrió el cuerpo del joven Mario. Sintió un frío intenso. Silencio. No era un silencio normal, era una ausencia de todo, de cualquier tipo de vibración que pudiera alterar ni una sola de las casi infinitas partículas que flotaban en el ambiente.

A los pocos segundos – los cuales a Mario se le hicieron eternos – un fogonazo de luz atravesó la ventana de la habitación. Era una luz blanca, una luz intensa, una luz que sin saber muy bien por qué, envolvió al joven en un estado de paz y calma que nunca antes había experimentado. Se quedó inmóvil. Quieto. Le dio la sensación de que su cuerpo carecía de cualquier tipo de peso. Parecía que la gravedad había desaparecido. A continuación, una profunda sensación de sueño invadió su sistema nervioso central. Oscuridad.

Mario se despertó en una camilla color gris metalizado. Estaba vestido con una especie de pijama verde. Se incorporó. Miró a su alrededor y se dio cuenta que estaba en una sala el solo. No había nada ni nadie. Sólo una ventana la cual daba a otro habitáculo de iguales características que el suyo. Miró a través de ella y vio a otra persona que parecía dormida. Intentó sin éxito despertarla.

- ¡Oye! ¡Despierta! – gritó Mario golpeando con toda la fuerza de la que era capaz la ventana.

Aquella persona no se inmutaba.

De pronto, la puerta se abrió.

- Vaya, parece que ya has despertado.

Aquella frase provenía de una persona con una altura excesiva para lo que estaba acostumbrado Mario. Rondaría aproximadamente los tres metros. Mario parecía un insecto al lado de aquel gigante.

- ¿Dónde estoy?

- Tranquilo, todo está saliendo según lo previsto. Parece que hemos atajado el problema a tiempo.

Mario estaba aturdido. No acertaba a entender qué hacía allí ni cómo había llegado. En cambio no parecía nervioso ni asustado. Eso le inquietó.

- Sígueme. No hay de qué preocuparse.

Mario obedeció dócilmente.

Llegaron a una sala donde un gran número de personas – de la misma estatura por cierto – se agolpaban delante de grandes pantallas, en las cuales aparecían descomunales cantidades de números. Otras en cambió estaban inmóviles y fijas delante de unas grandes esferas que giraban alrededor de algo dorado que no acertaba a averiguar que era. Aquello … ¡parecía el Sistema Solar!

Aquella estancia era de unas dimensiones impresionantes. Además todo estaba extremadamente limpio. Pulcro. Las paredes de color blanco perla no tenían ventanas ni ningún tipo de orificio por el cual ver el exterior.

Al dar unos pasos más observó cómo algunos de aquellos seres gigantes discutían en torno a una gran esfera de color azul. Contó y se dio cuenta de que aquella esfera era la tercera que giraba alrededor de una esfera central de color dorado. También vio cómo mas personas – éstas de las mismas características que él - estaban dentro de una especia de cilindros cubiertos de líquidos de diferentes colores. Mario se imaginaba cómo iba a terminar él también. No se equivocó.

Le condujeron hacia el interior de uno de esos tubos (parecían tubos de ensayo pero de dimensiones desproporcionadas). Una vez dentro un líquido rosáceo empezó a llenar el recipiente. Mario intentó salir de allí ya que veía que en cuanto aumentará el nivel, aquello le ahogaría. Cada vez le quedaba menos para que aquel fluido le cubriera por completo la cabeza. Antes de que eso sucediera acertó a decir.

- ¿Qué es todo esto?

La mole que le había introducido en el tubo, le miró con aire de superioridad y dando media vuelta sentenció.

- Bienvenido al otro lado.

El otro lado

En una noche de verano, Mario se encontraba chateando y ojeando diferentespáginas en Internet. Descargándose el último disco de su grupo favorito de este sitio, plasmando su opinión sobre el desastroso partido de fútbol que había hecho su equipo en aquel otro, total, lo típico que solía hacer en la red.

Al filo de las dos de la madrugada, Mario se despidió de sus amigos y decidió apagar el ordenador. Éste, y debido a uno de los múltiples fallos de su sistema operativo, se reinició. Mientras empezaba de nuevo a arrancar la computadora, una ventana de diálogo, muy parecida a las que le servían a Mario para comunicarse a través del chat, hizo presencia en la pantalla.

- Hola. – apareció súbitamente en el monitor.

Las letras amarillas sobre fondo negro, le extrañaron. Nunca había visto nada semejante.

- ¿No vas a responder?

Muy sorprendido, Mario esbozó una nerviosa sonrisa, pensando que tal vez alguno de sus cientos de amigos virtuales y aficionados al mundo de la piratería le estaban gastando una broma.

- No te rías.

La cara de Mario palideció por momentos. Miro a su alrededor. Nada. Sólo la lámpara de la habitación alumbrando la parte correspondiente al pc. En seguida se dio cuenta de que su pequeña y redonda web cam le estaba apuntando. Casi movido por un acto reflejo la apartó y la desconectó.

- Es inútil. – volvió a aparecer de nuevo en la pantalla.

Algo más asustado, Mario intentó terminar con todo aquello apagando el ordenador y desconectándolo de la red. Todo fue inútil. En la pantalla apareció el siguiente mensaje.

- No merece la pena que intentes resistirte.

Al borde de la histeria, Mario, se levantó de un salto de la silla y sin apagar la luz de la lamparita corrió hacia la puerta. No pudo abrirla. Parecía que la puerta estaba atrancada por fuera.

De repente, y con un cambio súbito de actitud, Mario volvió a situarse delante del teclado de su ordenador.

- ¿Quién eres y qué demonios quieres? – preguntó sudoroso.

- Ya lo sabrás y ya comprenderás nuestra misión.

- ¿Misión? ¿Qué misión?

-Digamos, que nuestra misión es reconducir el experimento que empezamos hace aproximadamente diez mil millones de años.

La cara de Mario era todo un poema. No sólo estaba conversando con alguien a través de un ordenador al cual no le llegaba corriente eléctrica, sino que además aquello le estaba hablaba de un experimento que había empezado en el inicio de los tiempos.

- Es la hora.

Ese fue el último mensaje que se pudo leer por pantalla. A continuación, el monitor dejo de funcionar. Un escalofrío recorrió el cuerpo del joven Mario. Sintió un frío intenso. Silencio. No era un silencio normal, era una ausencia de todo, de cualquier tipo de vibración que pudiera alterar ni una sola de las casi infinitas partículas que flotaban en el ambiente.

A los pocos segundos – los cuales a Mario se le hicieron eternos – un fogonazo de luz atravesó la ventana de la habitación. Era una luz blanca, una luz intensa, una luz que sin saber muy bien por qué, envolvió al joven en un estado de paz y calma que nunca antes había experimentado. Se quedó inmóvil. Quieto. Le dio la sensación de que su cuerpo carecía de cualquier tipo de peso. Parecía que la gravedad había desaparecido. A continuación, una profunda sensación de sueño invadió su sistema nervioso central. Oscuridad.

Mario se despertó en una camilla color gris metalizado. Estaba vestido con una especie de pijama verde. Se incorporó. Miró a su alrededor y se dio cuenta que estaba en una sala el solo. No había nada ni nadie. Sólo una ventana la cual daba a otro habitáculo de iguales características que el suyo. Miró a través de ella y vio a otra persona que parecía dormida. Intentó sin éxito despertarla.

- ¡Oye! ¡Despierta! – gritó Mario golpeando con toda la fuerza de la que era capaz la ventana.

Aquella persona no se inmutaba.

De pronto, la puerta se abrió.

- Vaya, parece que ya has despertado.

Aquella frase provenía de una persona con una altura excesiva para lo que estaba acostumbrado Mario. Rondaría aproximadamente los tres metros. Mario parecía un insecto al lado de aquel gigante.

- ¿Dónde estoy?

- Tranquilo, todo está saliendo según lo previsto. Parece que hemos atajado el problema a tiempo.

Mario estaba aturdido. No acertaba a entender qué hacía allí ni cómo había llegado. En cambio no parecía nervioso ni asustado. Eso le inquietó.

- Sígueme. No hay de qué preocuparse.

Mario obedeció dócilmente.

Llegaron a una sala donde un gran número de personas – de la misma estatura por cierto – se agolpaban delante de grandes pantallas, en las cuales aparecían descomunales cantidades de números. Otras en cambió estaban inmóviles y fijas delante de unas grandes esferas que giraban alrededor de algo dorado que no acertaba a averiguar que era. Aquello … ¡parecía el Sistema Solar!

Aquella estancia era de unas dimensiones impresionantes. Además todo estaba extremadamente limpio. Pulcro. Las paredes de color blanco perla no tenían ventanas ni ningún tipo de orificio por el cual ver el exterior.

Al dar unos pasos más observó cómo algunos de aquellos seres gigantes discutían en torno a una gran esfera de color azul. Contó y se dio cuenta de que aquella esfera era la tercera que giraba alrededor de una esfera central de color dorado. También vio cómo mas personas – éstas de las mismas características que él - estaban dentro de una especia de cilindros cubiertos de líquidos de diferentes colores. Mario se imaginaba cómo iba a terminar él también. No se equivocó.

Le condujeron hacia el interior de uno de esos tubos (parecían tubos de ensayo pero de dimensiones desproporcionadas). Una vez dentro un líquido rosáceo empezó a llenar el recipiente. Mario intentó salir de allí ya que veía que en cuanto aumentará el nivel, aquello le ahogaría. Cada vez le quedaba menos para que aquel fluido le cubriera por completo la cabeza. Antes de que eso sucediera acertó a decir.

- ¿Qué es todo esto?

La mole que le había introducido en el tubo, le miró con aire de superioridad y dando media vuelta sentenció.

- Bienvenido al otro lado.

El otro lado

En una noche de verano, Mario se encontraba chateando y ojeando diferentespáginas en Internet. Descargándose el último disco de su grupo favorito de este sitio, plasmando su opinión sobre el desastroso partido de fútbol que había hecho su equipo en aquel otro, total, lo típico que solía hacer en la red.

Al filo de las dos de la madrugada, Mario se despidió de sus amigos y decidió apagar el ordenador. Éste, y debido a uno de los múltiples fallos de su sistema operativo, se reinició. Mientras empezaba de nuevo a arrancar la computadora, una ventana de diálogo, muy parecida a las que le servían a Mario para comunicarse a través del chat, hizo presencia en la pantalla.

- Hola. – apareció súbitamente en el monitor.

Las letras amarillas sobre fondo negro, le extrañaron. Nunca había visto nada semejante.

- ¿No vas a responder?

Muy sorprendido, Mario esbozó una nerviosa sonrisa, pensando que tal vez alguno de sus cientos de amigos virtuales y aficionados al mundo de la piratería le estaban gastando una broma.

- No te rías.

La cara de Mario palideció por momentos. Miro a su alrededor. Nada. Sólo la lámpara de la habitación alumbrando la parte correspondiente al pc. En seguida se dio cuenta de que su pequeña y redonda web cam le estaba apuntando. Casi movido por un acto reflejo la apartó y la desconectó.

- Es inútil. – volvió a aparecer de nuevo en la pantalla.

Algo más asustado, Mario intentó terminar con todo aquello apagando el ordenador y desconectándolo de la red. Todo fue inútil. En la pantalla apareció el siguiente mensaje.

- No merece la pena que intentes resistirte.

Al borde de la histeria, Mario, se levantó de un salto de la silla y sin apagar la luz de la lamparita corrió hacia la puerta. No pudo abrirla. Parecía que la puerta estaba atrancada por fuera.

De repente, y con un cambio súbito de actitud, Mario volvió a situarse delante del teclado de su ordenador.

- ¿Quién eres y qué demonios quieres? – preguntó sudoroso.

- Ya lo sabrás y ya comprenderás nuestra misión.

- ¿Misión? ¿Qué misión?

-Digamos, que nuestra misión es reconducir el experimento que empezamos hace aproximadamente diez mil millones de años.

La cara de Mario era todo un poema. No sólo estaba conversando con alguien a través de un ordenador al cual no le llegaba corriente eléctrica, sino que además aquello le estaba hablaba de un experimento que había empezado en el inicio de los tiempos.

- Es la hora.

Ese fue el último mensaje que se pudo leer por pantalla. A continuación, el monitor dejo de funcionar. Un escalofrío recorrió el cuerpo del joven Mario. Sintió un frío intenso. Silencio. No era un silencio normal, era una ausencia de todo, de cualquier tipo de vibración que pudiera alterar ni una sola de las casi infinitas partículas que flotaban en el ambiente.

A los pocos segundos – los cuales a Mario se le hicieron eternos – un fogonazo de luz atravesó la ventana de la habitación. Era una luz blanca, una luz intensa, una luz que sin saber muy bien por qué, envolvió al joven en un estado de paz y calma que nunca antes había experimentado. Se quedó inmóvil. Quieto. Le dio la sensación de que su cuerpo carecía de cualquier tipo de peso. Parecía que la gravedad había desaparecido. A continuación, una profunda sensación de sueño invadió su sistema nervioso central. Oscuridad.

Mario se despertó en una camilla color gris metalizado. Estaba vestido con una especie de pijama verde. Se incorporó. Miró a su alrededor y se dio cuenta que estaba en una sala el solo. No había nada ni nadie. Sólo una ventana la cual daba a otro habitáculo de iguales características que el suyo. Miró a través de ella y vio a otra persona que parecía dormida. Intentó sin éxito despertarla.

- ¡Oye! ¡Despierta! – gritó Mario golpeando con toda la fuerza de la que era capaz la ventana.

Aquella persona no se inmutaba.

De pronto, la puerta se abrió.

- Vaya, parece que ya has despertado.

Aquella frase provenía de una persona con una altura excesiva para lo que estaba acostumbrado Mario. Rondaría aproximadamente los tres metros. Mario parecía un insecto al lado de aquel gigante.

- ¿Dónde estoy?

- Tranquilo, todo está saliendo según lo previsto. Parece que hemos atajado el problema a tiempo.

Mario estaba aturdido. No acertaba a entender qué hacía allí ni cómo había llegado. En cambio no parecía nervioso ni asustado. Eso le inquietó.

- Sígueme. No hay de qué preocuparse.

Mario obedeció dócilmente.

Llegaron a una sala donde un gran número de personas – de la misma estatura por cierto – se agolpaban delante de grandes pantallas, en las cuales aparecían descomunales cantidades de números. Otras en cambió estaban inmóviles y fijas delante de unas grandes esferas que giraban alrededor de algo dorado que no acertaba a averiguar que era. Aquello … ¡parecía el Sistema Solar!

Aquella estancia era de unas dimensiones impresionantes. Además todo estaba extremadamente limpio. Pulcro. Las paredes de color blanco perla no tenían ventanas ni ningún tipo de orificio por el cual ver el exterior.

Al dar unos pasos más observó cómo algunos de aquellos seres gigantes discutían en torno a una gran esfera de color azul. Contó y se dio cuenta de que aquella esfera era la tercera que giraba alrededor de una esfera central de color dorado. También vio cómo mas personas – éstas de las mismas características que él - estaban dentro de una especia de cilindros cubiertos de líquidos de diferentes colores. Mario se imaginaba cómo iba a terminar él también. No se equivocó.

Le condujeron hacia el interior de uno de esos tubos (parecían tubos de ensayo pero de dimensiones desproporcionadas). Una vez dentro un líquido rosáceo empezó a llenar el recipiente. Mario intentó salir de allí ya que veía que en cuanto aumentará el nivel, aquello le ahogaría. Cada vez le quedaba menos para que aquel fluido le cubriera por completo la cabeza. Antes de que eso sucediera acertó a decir.

- ¿Qué es todo esto?

La mole que le había introducido en el tubo, le miró con aire de superioridad y dando media vuelta sentenció.

- Bienvenido al otro lado.

Hola. Sed bienvenidos.

Hola y como dice el título: Sed bienvenidos. Sed bienvenidos a este nuevo blog. Un blog que empiezo con mucha ilusión y que espero esté con vosotros durante mucho tiempo. Todo el tiempo que queráis.
Os estaréis pensando: ¿sobre qué hablará? Mi intención es hablar un poco de todo. De temas que me preocupan e interesan. No sólo hablaré de deportes. También de misterios, de religión, de arqueología, de televisión... En fin, de todo lo que me dejéis.
Pondré todo de mi parte para que este blog sea ameno yfácil de leer. Para ello, espero toda vuestra colaboración y sugerencias así como comentarios a los sucesivos artículos que aquí se publiquen.
Sin más espero que lo disfrutéis.
Un saludo desde el otro lado.